Mi inactividad en este página coincide con el periodo en el que cohibí una de mis necesidades básicas. Escribir.
Siento que mi mente está desnutrida. Desestructurada. Siento que si sigo así voy a enfermar...
Una parte de mi mente lleva mucho tiempo divagando; la otra lleva ese mismo tiempo anestesiada por los placeres del instante, engañada por la voluntad de vivir...
Ambas partes están en confrontación. Difieren en todo. Permanecen en un estado dialéctico constante. Enfermizo.
Dios mío, como si no tuviera bastante! están en obras y hay ruido terrible. Me voy a volver loca.
Grito para que de esta manera el ruido que proyecto neutralice al otro.
Lloro por impotencia y exasperación. Nunca por debilidad.
Para mis sentidos no existe mayor tortura que el ruido ni mayor placer que la buena música.
Mis pensamientos transcurren a una velocidad vertiginosa. Mi mano no es tan rápida. Hasta que no recibe un estímulo claro se queda muy próxima al soporte esperando impaciente volver a escribir, pero mi mente no da a basto para procesar tanta información y bloquea la mano; de esta manera ambas se sienten insatisfechas.
“Aquél que tiene un por qué para vivir puede enfrentar todos los cómos”.
Continuo sin tener un por qué.

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