... cierro la puerta y me apoyo en ella, porque así tengo la sensación de que hay alguien al otro lado. De esta manera no me siento sola.
Tengo diecinueve años, diez meses y 30 días. Son la nueve y treinta y siete de la tarde. Siento la humedad en mi piel y el gélido frío en mi cuerpo. Me siento triste, desanimada, desilusionada, apática, vacía, perdida, sin rumbo, mordiéndome la cola, en la pecera.
He dado un salto. He saltado de mi pecera a la pecera. A la de todos vosotros. Desde que empecé a trabajar tengo esa sensación. Estoy ganando dinero y estoy perdiendo ilusiones. No quiero crecer. Antes sí, pero ahora no. No quiero detener el tiempo. Quiero ser yo quien se detenga. Quiero vivir, pero más despacio; a mi manera, no a vuestra manera. Quiero. Deseo. Anhelo. Protesto. Discuto. Lloro. Ironizo. Lucho... por vivir en mi mundo. No me gusta vuestro mundo. Un mundo donde existe la hipocresía pues pretendéis hacerme creer que existe la igualdad, la democracia, la libertad y la justicia. Un mundo con prejuicios, violento, terrorista, inconsciente, egoísta, resignado, aburrido, exagerado, abusivo, frustrado, obsesivo, incompetente, autodestructivo... En vuestro mundo tampoco existe el amor libre. Existe el sacrificio y la penitencia. Vuestro mundo necesita normas. Mi mundo no. Vuestro mundo peca de todo. El mío también. Es lo único que tienen en común.
No hablaré de mi mundo.Es suficiente. Ya me siento mejor.
