Antes tenía cosas que contar. Ahora sigo teniendo cosas que contar. Siempre tendré cosas que contar. Siempre tendremos cosas que contar; porque siempre nos están y estarán pasando cosas.
Repetitivo.
Repetitivo.
De la vida se ha hablado mucho. De todo se ha hablado mucho. Todos hablamos de todo. Por los codos. Muchos son los que han escrito. Pocos son los que han dicho algo nuevo; porque todo está escrito.
Mentira.
Mentira.
Verdad.
Sobre la mentira y la verdad también han hablado.
Hablan.
Sabemos que está mal mentir. Que verdad no hay más que una. Universal. Pero mentimos. Miente también aquel que diga que nunca ha mentido.
Verdad, mentira, todo, nada, nunca, siempre, cosas...
No me agrada utilizar estas palabras, términos, conceptos, símbolos... son muy ambiguos y plenos.
No me gustan las convenciones, normas ni valores; porque implican desacuerdos y fomentan prejuicios.
Cuando me pongo a escribir, siempre hay algo que me propongo: hablar lo más mínimo sobre mi. Nunca lo consigo. También hay otra cosa que me propongo: contar algo de la manera más concisa y clara posible. Tampoco suelo conseguirlo. Por último me propongo: no escribir basura.
...Y no seré yo quien lo considere, cada cual, según su criterio.
Se preocupan bastante por fomentar la lectura entre los más jóvenes. Los jóvenes, con las nuevas tecnologías o vete tu a saber qué, les resbala leer o no. Chupan muchas imágenes, entre otras cosas. Eso es todo. Me pregunto si esto es algo negativo. Sabemos que la ignorancia es negativa. Que la educación es necesaria y positiva. Se supone que es bueno leer, pero... sólo digo (porque siempre tengo algo que decir o contar) que tenemos que llevar cuidado con lo que leemos, escuchamos, vemos, hacemos, decimos y escribimos.
Por eso, leo, con cuidado, me creo la mitad de lo que veo y escucho, procuro hablar poco y escribir lo necesario; porque aunque algunos les cuesta creer que escribir no es necesario, para mi lo es. Como el aire para respirar ( y disculparme por la comparación tan poco original).
¿De qué estaba hablando?
¿De qué estaba hablando?
Aunque sea una necesidad, nunca he tenido muy claro si es una buena idea escribir.
Mi corazón es constante pero va lento; a mi novio le cuesta sentir los latidos de mi corazón aunque sabe cómo ponerlo a mil por hora.
Mi mente tampoco descansa y también necesita estímulos, sin embargo, va rápida, a su aire, a mil por hora, siempre. Y ese es un problema.
Me gustaría encontrar la manera, el modo de controlarla. Es curioso, pero siempre se me ha dado mejor controlar a mi corazón que a mi mente. No sé ni quiero saber por qué.
Qué absurda soy. Tampoco sé por qué me dirijo a un público. Bueno, quizá el espirito santo lo lea.
Me vale.
Me vale.
Mentira.
No me vale.
Todo es absurdo.
Basura.
J o d e r!
