Una nota musical desaliñada vagaba por los suburbios del pentagrama esperando ser concebida.
Su deseo es ser tocada de manera magistral; ser escuchada y admirada, que nadie quede indiferente y principalmente, perturbar al señorito del sombrero con aspecto misterioso.
La nota no ha sido concebida aún; sigue vagando sin rumbo ni destino. Esa es su suerte. Esa será su gloria.

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